24.6.11

¡YO SOY CORA!


Alumbrada por el solsticio de verano, el 21 de junio nació físicamente. Semanas antes surgió como una idea y de pronto, de un impulso de tinta y trazo, tomó cuerpo sin anticiparse ni tocar la puerta, sobre un papel pequeñito...

Me miró así con esos ojitos y torciendo la boca para que nadie escuche, me susurró algo. Sí, era la niña de la historia que había cocinado en mi cabeza días atrás.

Ayer sentí unas ganas locas de escribir, entonces la pequeña me visitó. La bauticé como Cora y comencé a construirle un cuento que empieza en un avión.

Esa es mi promesa para ella. Espero que próximamente lo puedan leer por aquí... Pero por el momento, déjenme decir: Bienvenida, Corita querida.

17.6.11

Simulacros

Y entonces me digo
¿cuántas viven en mí?,
que ya no me reconozco.

Ni en tus ojos ni en los míos.

Soy yo y a cada instante otra.
Y dejo de ser,
y dejo de amarte,
y te amo de nuevo.

Y de mi boca llueven acertijos olvidados.
Y en otra boca encuentran ecos cercanos.

Como si me hubiera quedado en ti.

O en ti.
O en ti.
O en ti .

O me fuera cada vez más lejos
Abandonándo-me
                     -te.

Vuelvo a sentir la velocidad y los simulacros de la nada.

Te rujo-te vomito-te beso mis muertes.
Te lamo y te arranco a mordiscos mis fábulas.

Trago tus certezas, tu verdad y tu pan.

13.4.11

SANTIDAD


 Esa ciudad que yo imagino,

donde nunca he estado
                                  es nuestra.

Lenguas son mares.
Sal de furia cicatriza tus heridas:
las saetas dejaron huellas
                                     («los pecados de los hombres»,
                                     dice el calendario del sol).



Atado,
           otra vez,
                        como hace miles de años,
            al árbol de fuego
             donde la serpiente enterrada nos llama.

Esa ciudad grita los nombres
desde tus ojos,
ahí se esconden los dolores
                         las llagas
                         los golpes
                         el agua
                         el silencio.

El viento quema,
echa saliva en mis bocas.
                              Lamo enfermedad.


                                                La verdad te brota y me penetra.


*Poema de María Cristina Arboleda Puente publicado por primera vez en la revista LETRAS DEL ECUADOR # 191 (mayo - 2007), de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

Imagenes de las obras de 1. Guido Reni, San Sebastián; 2. Gerrit Van Honthorst, San Sebastián; 3. François-Xavier Fabre, The Dying Saint Sebastian; 4. Stephen Cefalo, The Optimist.

CATEDRAL


Ciento veintinueve mil seicientos segundos atrás
mi cuerpo se reclina en tu cuerpo,
                                                       vacío
busca la catedral.

Reminiscencia de héroes
                                       lejanos.
Tres mil trescientos cinco años atrás,
la catedral ataviada de broncíneas armaduras.
                                          La catedral
semejante a dioses antiguos,
lanza mortales
                       saetas
                                   desde las alturas olímpicas.
Eres el dios esmintio del arco exacto
y a la vez el héroe ligero que cae
y se disuelve en el polvo.

Sagradamente,
dejaré que soples tu aliento en mi boca,
romperé las promesas divinas.

Me entregaré
cada tarde
                  efímera.

Cuarenta y tres mil doscientos segundos atrás
rituales y ceremonias infinitas
se simplifican en mis ojos,
que sólo existen por el instante
en que se abre
                                              la catedral.

*Poema de María Cristina Arboleda Puente, escrito el 3 de octubre del 2005 y publicado por primera vez en la revista LETRAS DEL ECUADOR # 191 (mayo - 2007), de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

25.3.11

A la hora del almuerzo*

A tu memoria

Una piedra en la garganta
tu mirada
tras esos cristales

Egoísmo
tus ojos
en el desierto.

Alzar las manos
¡egoísmo!
tu nombre
apretando la roca de la garganta
entre los mares noctámbulos.

Egoísta
también el silencio
como Dios esconde
tu silbido
de las siete de la mañana
tus manos
en el órgano de las seis de la tarde.

Memoria
¡niña egoísta!
suelta su mano
aprende a cruzar la calle.

En alguna mesa nos vamos a encontrar
¿me dejarás acompañar tu almuerzo?
A la derecha
todavía
resérvame un
espacio.

















*Poema de María Cristina Arboleda Puente, publicado por primera vez en la revista LETRAS DEL ECUADOR # 191 (mayo 2007), de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

1.3.11

quito con lluvia


dejan la inmensidad de la altura
la leve corporeidad de la nube
se mueven y estallan en un
luminoso estruendo
y   c
       a
         e
           n
bailando al vacío

sobre el asfalto son el sudor
de esta ciudad que nos
moja el deseo

*Foto: Pertenece a Romulo Fotos, en Flickr.com

Ella y el sillón

El sillón que tanto tiempo había tomado en repararse amaneció con unas líneas aberrantes: diminutos riachuelos de meado color amarillo neón.
–Otra vez ese maldito perro que metiste en la casa, tú tienes la culpa. Límpialo ya, que apesta y tanto que costó retapizarlo- vociferaba una voz gruesa de mujer.


Miró al perro que tenía ya la cola entre las patas y se escondía bajo una mesa. Respiró hondo y corrió tratando de no hacer ruido, dando pasos invisibles. Agarró un líquido espumoso, lo mezcló con agua y lo refregó con un trapo sobre la tela del mueble, mientras pensaba en todas las manchas que recorrían su cuerpo, y en las que su madre jamás se había fijado y nunca, ni por casualidad, las limpió con un trapo sucio de ternura.

10.11.10

Strawberry Fields*

Cielo cuadriculado, asfalto en blanco y negro.
Un rebaño siempre gris pasta y caga.
Presiento un ahogo de rabia y pena.
Hay que romper el diamante, desnudar la piedra.
Volver la órbita a cero, al principio de todo lo nuevo.
Olvidar el alarido seco, minúsculo, absoluto.
Susurrar sin temor un nombre imposible.

*Quito, 9 de noviembre de 2010. Escrito a cuatro manos, por Sebastián Sacoto y Cristina Arboleda.

11.4.10

La oveja negra***

En un lejano país, existió hace muchos años una oveja negra.

Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre, que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas, para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

***AUGUSTO MONTERROSO, genial escritor guatemalteco (1921-2003). Uno de los más grandes del microcuento. 

A un lado del rebaño

Sucede que soy una de ellas, pero mi pelaje no se parece a las nubes con vetas apenas oscuras del color de la nuez. En vez de decir meee-meeee-meeeeee, prefiero cantar ma-me-mi-mo-muuu, muuu-me-mi-mo-ma, y callar cuando todas hablan.

No duermo incómoda con ruleros con tal de que los pelos amanezcan enroscados en espirales perfectos, ni me asomo presurosa ante quienes cuentan ovejas para llamar al sueño.

Mucho menos me interesa producir la lana más suave o la más brillante. Mientras todas se esfuerzan, mis horas se esfuman observando el mundo mínimo de las hormigas, descifrando el lenguaje del viento y escuchando los ayes de los árboles heridos.

Sucede. Sucede que soy del color de la noche sin luna, pero cada día me disfrazo con un traje muy blanco y sin una sola arruga, para no terminar en el sanatorio como todas las ovejas negras.

27.11.09

10/10


Taxi
Originally uploaded by infografia

Ayer que volvía del cielo, un taxista con una gorra estilo hip hop, las cejas bien depiladas y unos ojos negros, grandes y brillantes como canicas, me decía que nos vayamos a Guayaquil. Tentada estuve de decir que sí, pero, en cambio, qué viaje tan largo, dije. Sugerí, entonces, que la playa queda más cerca. ¿Cuánto tiene, mija?, me dijo él con su camiseta azul eléctrico que encendía aún más su rostro, resaltando su barba mal tenida.

Aunque, de verdad, no tenía el más mínimo deseo de ir, tanteé la billetera. ¿Gorda?, no, no, más bien, desnutridita, la pobre. Uuuuhh, no tengo nada, solo 10 dólares. Bueno, reina, bromeaba, alzando las cejas, mirándome desde el espejo retrovisor, solo necesitamos para la diez, si tuviera 20 o 25, estaríamos hechos. Reí de buena gana, porque la conversación que inició como un chiste iba ahondando en cálculos e intenciones. El centro histórico nos obligaba a dar vueltas, y yo, que recién bajaba de las nubes, estaba con la presión bajita, y sentía que iba a vomitar. Suerte que ya no tengo que preguntarle cómo se llama, me decía él, porque la OP ya me dio su nombre. Miré el auto semituneado, con los vidrios polarizados, una sirena de patrulla en lugar de pito, un extraterrestre fosforescente que colgaba del espejo, como adorno, y banderitas del equipo de sus amores por todas partes, me parecía lo más divertido. Y con lo que tenemos, ¿hasta dónde nos avanza?, me arriesgué a preguntar. Vamos hasta donde nos dé el diez. ¿El qué? El diez, la gasolina, reina. Esas pepas negras me miraron de nuevo mediante el espejo y me dije: sí, me quiero ir a donde nos lleve el diez, con este taxista desconocido, que decía que jugaba fútbol religiosamente e iba a una iglesia cristiana por deporte, que tenía un hijo a quien llamaba ranita, que andaba separado de su mujer y yo, que no tenía ningún problema serio, que acaba de bajarme del cielo, que no tenía ganas de volver a la rutina, al trabajo, me dije, de nuevo, sí, vamos, a donde nos lleve el diez.

10.11.09

Venenos mortales

Lo había olvidado.


Guardaba pepas de uva en los zapatos
y sus dedos sabían a pan y vino.

Le llamaba chocolata al chocolate
y emergía entonces una mulataza
que se nos hacía agua negra en la boca.

Jugaba con los grandes arcanos,
hablaba a solas con el viento,
bailaba con bolas de fuego,
pero su sabor a gasolina y diesel,
me quemaba la lengua.

Me volvió invisible.
Mató por azar al monstruo
que dormía en el patio,
supo de mis juegos con la luna,
me confesó un crimen
y aunque lanzó sus deliciosas saetas,
la dualidad de los gemelos jamás cedió.



El abismo que se abrió en sus ojos me enmudeció los sentidos.



Todo desapareció con el último acto,
la chistera del mago,
el bastón que camuflaba algún peligro,
los naipes oscurísimos,
el cadáver más exquisito,
la demente soledad.

Pero el veneno había corrido
años atrás
cuando dejó de agazaparme desde las ramas de los árboles
y evitó su sangre alquímica en mi boca.


Houndini mil veces maldito,
cosechaste cráneos
y fallaste al enamorar a la muerte.

(NOTA: Esta no es la disposición gráfica exacta de mi texto).

19.10.09

Cuando no sé quién soy

Cuando más que nunca me siento fuera,
fuera,
un pez fuera del agua,
una especie aún no descubierta,
un extraterrestre,
un invasor.

Cuando me desconozco,
cuando no sé quién soy,
cuando me pierdo,

regreso
siempre
siempre
a la poesía.

(María Cristina Arboleda)
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Hoy me reencontré con la poesía de uno de los grandes, y aquí pongo dos de sus textos:

El peatón

Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran poeta. O cuando menos un buen poeta. O un poeta decente, valioso. O simplemente, pero realmente, un poeta.

Le llega la noticia a Jaime y éste se alegra: ¡qué maravilla! ¡Soy un poeta! ¡Soy un poeta importante! ¡Soy un gran poeta!

Convencido, sale a la calle, o llega a la casa, convencido. Pero en la calle nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta de que es un poeta. ¿Por qué los poetas no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible, o un rayo que les salga de las orejas?

¡Dios mío!, dice Jaime. Tengo que ser papá o marido, o trabajar en la fábrica como otro cualquiera, o andar, como cualquiera, de peatón.

¡Eso es!, dice Jaime. No soy un poeta: soy un peatón.

Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y tranquila.


Lento, amargo animal

Lento, amargo animal
que soy, que he sido,
amargo desde el nudo de polvo y agua y viento
que en la primera generación del hombre pedía a Dios.

Amargo como esos minerales amargos
que en las noches de exacta soledad
—maldita y arruinada soledad
sin uno mismo—
trepan a la garganta
y, costras de silencio,
asfixian, matan, resucitan.

Amargo como esa voz amarga
prenatal, presubstancial, que dijo
nuestra palabra, que anduvo nuestro camino,
que murió nuestra muerte,
y que en todo momento descubrimos.

Amargo desde dentro,
desde lo que no soy,
—mi piel como mi lengua—
desde el primer viviente,
anuncio y profecía.

Lento desde hace siglos,
remoto —nada hay detrás—,
lejano, lejos, desconocido.

Lento, amargo animal
que soy, que he sido.

Jaime Sabines

2.10.09

Veinticuatro

Dormí muy mal y
                  encima,
el agua helada.
                  Sí, sí.
                  Es el viento o que ya no hay gas o la mala suerte.
¡El puto calefón!

Ponerse cualquier cosa.
Mirarse esa panza que crece
                                           y crece
                                                    y qué pereza.

Me seco los pelos,
me lavo los dientes
                                                                   y a la calle…

Una hora de maltrato, de oprimirse,
                                  de aplastarse,
                                  de olerse,
                                  de volverse uno con todos.
                                            El transporte público siempre es una tortura.

La agenda:
     1. Entrevista a la madre-que-además-de-ser-madre-también-juega-fútbol.
     2. Reportería: nuevos tratamientos para que las uñas no se caigan por el detergente.
     3. Y escribir algo, a cualquier hora, pero algo.

De vuelta a la jaula.
El perro.
              La madre.
                               Un libro, y siempre el mismo ritual:
                                                             mirarse al espejo, a solas,
                                                             la panza sigue ahí,
                                                             ahora se ve peor, por el cansancio.

Una camisa, un pantalón.
Agua en la cara,
espuma en la boca.

Él y yo a la cama
                                                          (o sea, mi perro y yo)

                                                                                 Y, adiós.

28.9.09

Quiero tu nombre


Detail of St Sebastian
Originally uploaded by Lawrence OP

Me gustaría tener en mis manos una luz líquida para escribir en la tierra negra las líneas fosforescentes y eternas de tu nombre.

Desafiar a la finitud de los cuerpos, a la oscuridad, a la gravedad, al viento, a la lluvia, a la memoria y esculpir tu nombre en un asteroide.

Quisiera morder cada una de tus letras, como si saboreara tu propia carne, hasta volverte parte de mi cuerpo.

Tatuar con fuego los alfabetos que me hablan de ti, en mis dedos y en las plantas de mis pies para imprimir tu nombre en todo lo que toco, en todos mis caminos.

Quiero ser tus letras para invocarte. Quiero siempre-siempre-siempre tu cuerpo.
Quiero tu nombre.

10.9.09

Aleteos


Snowwhite and 7 dwarfs??
Originally uploaded by parakeetpeach

Llevaba la llave en mi mano, moviéndola como si fuese un amuleto para ahuyentar la oscuridad. La introduje en el orificio de la cerradura, giré y la puerta se abrió. Mi perro no se asomó como acostumbra, ni me recibió con sus patas, su lengua y moviendo la cola. Mis pasos se adentraron rápidamente, pero, al cruzar el umbral sentí que algo se escurría detrás mío -como se siente el aletear de una polilla que se aproxima amenazante, como la respiración de quien espía mientras uno lee, como la presencia invisible, pero helada, de un espectro-.

Después, los rituales rutinarios: lavarse, quitarse la ropa, mirarse en el espejo el cuerpo desnudo y fatigado al final del día, ponerse el pijama, abrir las cobijas y meterse en la cama. Mi perro vela mi sueño. Me empuja, me lame y trata también de hacerme notar su presencia, quizás él piensa que soy yo quien vela su noche.

Mis ojos se cerraron y el sueño me vino fácil. Pero a la madrugada, la voz algo chillona de mamá me despertó.

-¡¿Qué tanto haces en el baño a esta hora?! -decía con un tono que denotaba cansancio y fastidio-.

-Estoy acostada, mamaaaá, ¿qué pasa? -dije con algo de rabia, mientras levantaba la cabeza para comprobar si estaba despierta-.

Que se oían pasos, que alguien abría y cerraba la llave, que se caían cosas, seguía alegando mamá. Mi cama está justo frente a la puerta de mi cuarto y ésta, a su vez, da al pasillo donde está el baño. Desde mi almohada podía ver si allí había luz y seguramente hubiese oído con claridad si alguien estaba adentro. Miré y no pasaba nada, la noche que empezaba a volverse día estaba tranquila, tampoco sentí miedo ni angustia y ni mi perro dio la más mínima señal de alarma. Sólo me puso la pata en la cara, como suele hacer cuando quiere llamar mi atención, pero esta vez fue como si estuviese diciendo, duérmete ya, niña tonta, que tienes que madrugar. Le hice caso, me acomodé y me sumergí en mis sueños otra vez.

No sé cuantos minutos transcurrieron, porque en el mundo onírico el tiempo es otro y no se mide por manecillas de reloj ni por la consciencia, sino por el número de emociones que se experimenten. De pronto volví a sentir ese extraño aleteo tenue, una respiración tibia, como de una polilla, quizá una 'tandacucha', ¡mierda!, en mi espalda que estaba semidescubierta hacia el lado izquierdo de mi cama, donde no estaba mi perro, no estaba nadie. Un aleteo de algo casi inmaterial. Un aleteo que no me dio miedo sino una sensación similar al asco. Me di vuelta rápidamente y miré a una criatura increíble. Así que tú entraste conmigo cuando llegué, pensé, con inusitada calma. Pero, ¿de dónde has salido? Era una enana fea, peluda, semitransparente, opaca, con una nariz chata y unos grandes ojos amarillentos. Me veía con asombro, como si estuviese viendo su fealdad en un espejo. En su rostro, brochazos de maquillajes coloridos y un labial violeta acentuaban lo grotesco de su mueca. Hice el ademán de levantarme y, ni bien me moví, ella (no vi su sexo, pero estoy segura que era una mujer, una hembra), esa tierna monstruosidad, salió disparada dejando a su paso sólo un viento tibio y en la penúltima grada dejó también un pelo grisáceo que guardo como trofeo de su presencia.

Giré a uno y otro lado, abrí bien mis ojos. Mi perro seguía profundamente dormido y, seguramente, en el cuarto contiguo mi madre reposaba también. Mejor me mojo la cara, es el cansancio, una alucinación, un sueño vívido. Me levanté por el lado derecho, caminé descalza sobre el piso de madera, lo sentí frío y apresuré el paso. La puerta estaba abierta, aunque recordaba que la última vez que la miré estaba totalmente cerrada. Entré y me tropecé con algo. Encendí la luz. ¿Quién estuvo hurgando en mis cosas?, pensé con furia. Polvos, sombras, lápices y labiales habían saltado del estante de vidrio celeste, donde permanecían pacíficamente. No, no habían saltado. Alguien los había tirado y ahora estaban tristes, lamentándose porque los despertaron a media madrugada. El más patético era el labial violeta, seguramente recordaba la aspereza de los terribles labios de la enana fea.

9.9.09

ME FUI A VOLVERRRR


dirty hands
Originally uploaded by analytik
Después de un largo trajinar, por aquí y por allá, de trabajar (ahora ya en serio, con horarios, responsabilidades y con menos tiempo libre), de crecer y crecer, de morir también un poco y renacer de muchas cosas, de aprender mucho también, de quitarme vendas y ponerme otras, he decidido revivir a mi moribundo blog.

En este huequito que lo aguanta todo y no tiene ni editor, ni horas de cierre, ni un mínimo o máximo de caracteres voy expresarme con "libertad" (que nunca es total, ni tan cierta), pero sobre todo quiero dar rienda suelta a mis ficciones.

También recuperaré y colgaré algunas entrevistas, perfiles o notas que haya publicado, en estos casi dos años de ausencia.

En fin, espero que lo que se viene sea bueno y me permita desquitar la tinta que guardan estas manos. ¡Estoy de vuelta!

5.1.08

dos mil ocho


Buon Anno!
Originally uploaded by Sigmah
Ay amor si me dejas la vida, déjame también el alma sentir, si sólo queda en mi dolor y vida, ay amor no me dejes vivir.

2008. Resulta extraño acercarnos a la primera década de este siglo. Resulta extraño haber nacido en los ochentas, acercarme a los 24 años, y sentir tanto peso atrás. Y una pereza enorme delante por el futuro que se acerca silenciosamente como un bicho desagradable. ¿Por dónde seguir?

Resulta extraño que la familia haya crecido tanto y a la vez se haya desmembrado dolorosamente. Raro pensar en los nombres de los bisabuelos a quienes jamás conocí; de los abuelos, de quienes apenas guardo un bosquejo de recuerdo fabricado quizás de la materia de descripciones de mi madre, de algunas fotografías, o de memorias que heredé genéticamente y que se develan en imágenes oníricas que recibo despierta o dormida; de los tíos que se fueron hace mucho, sin habernos conocido en absoluto, o de los que apenas han comenzado a dejarnos; todos esos nombres que viajan en el aire o duermen en el mármol. Raro acordarse de los compañeros de escuela; raro ver cómo se bifurcan las vidas de todos los hermanos, amigos, enemigos, simples conocidos. Raro ver los fantasmas de toda la gente que quedó en el camino hasta hoy.

Resulta siempre extraño acercarse a los finales, a las grandes transformaciones que nos suceden, como si fueran dinosaurios que nos caen de pronto encima, acercarse a comienzos que apenas desciframos. Arrojé al fuego mi infancia, mi adolescencia (¿por qué carajo se le ocurrió a Quevedo condenar a los jóvenes a sufrir dolorosamente esa edad al acuñar esa palabra tan fea?), incluso ciertos momentos cercanos, míos y ajenos. Porque una vez más tengo la intención, tal vez al menos la esperanza, de crecer, de verme al espejo y aceptar los años y las lecciones aprendidas. Creo que mi cuerpo se negó a estirarse, quiso mantener el tamaño (a penas un metro con cincuenta y siete centímetros, que no me desagrada) y su forma para que mi mente se confunda y se niegue también a aceptar el paso de los años, y con ellos los grandes cataclismos de la vida: la enfermedad, las despedidas, la vejez, la muerte. Una niña vieja. Pero tengo todavía la esperanza de mirarme al espejo que cuelga detrás de mi puerta en la mañana temprano después de una ducha fría (porque el calefón está loco, y aprovechando esa locura, sale a flote la mía, y el baño sirve para purgar el espíritu, y ofrecer un breve y helado sacrificio) y reconocer cómo me ha atravesado el tiempo, la vida.

Eso es, aceptar el ciclo vital (una de las lecciones más fáciles de ciencias naturales: el ser vivo nace, crece, se reproduce y muere). Ojalá lo pudiera asimilar como una frase obligatoria del examen trimestral de tercer grado, ojalá fuera simplemente una conjunción de letras, de sonidos, de pedazos de lenguaje. Nunca nos dijeron la dimensión múltiple, pesada, gigante de ese proceso natural, nunca estuve preparada para tanta vida y tanta muerte… Y a pesar de todo mi sangre sigue corriendo (al mismo ritmo, creo yo), y a la profunda tristeza le sigue una buena sonada de nariz, y momentos después, la risa.

Por esa incomprensible fortaleza que no sé de donde sale, quiero agradecer a la Vida o sea a Dios. Por ver que mi madre se despierta, a pesar de los múltiples golpes en medio de este round violento que nos gana la enfermedad y que parece no tener fin. Por su tenacidad, por su lucha en contra de la pena, por su duelo. Por los colores rojos, violetas, celestes, que aparecen de nuevo en su vestido. Por su risa, por su canto que se mueve y sube las escaleras por las mañanas, y aunque triste sigue vivo.

Por ver a mis hermanas convertidas en ríos caudalosos, llenos de vida, por ser mujeres hermosas, madres fuertes y luchadoras.

Por las nuevas formas de los cuerpos adolescentes de mis sobrinos mayores, por su inquietud que se despierta con las explosiones hormonales, por sus emociones, sus vergüenzas y su pasión aún inocente. Por su cuchicheo en la mesa, por sus miradas, códices secretos de los misterios que comparten. Por la vitalidad de todos ellos, por los descubrimientos que los más chicos hacen cada día, por los idiomas que se inventan, por las palabras mal dichas, por sus dibujos, por el amor puro, tan sincero, que me dan todos ellos.

Gracias por los viajes. Por cada día en un país ajeno, que jamás pensé extrañar tanto. Por mis amigos y profesores de EEUU, Francia, España, Colombia, Puerto Rico, República Dominicana, India, Japón, Bangladesh, Nigeria, Bulgaria, Nepal, que nos quisimos tanto.

Por mis amigos de acá, especialmente aquellos quiteños que han reaparecido y a los nuevos amigos guayacos de este último tiempo. Por los profes de acá que me apoyan tanto (especialmente por mi profe-amigo que va a dirigir mi disertación de grado, que me presta sus libros sin ponerme plazos, que me aproxima a tantos redescubrimientos, y que me ilumina el análisis literario, político, sociológico, marxista, vital).

Gracias por las lecturas de este año, especialmente gracias a los y las poetas de la Generación Beat, a Beckett, a Gioconda Belli y a Lawrence Durrell, a sus historias y sus personajes. Gracias a la poesía, la novela, y la historia. Gracias a Nela Martínez por hacerme sentir orgullosa de ser mujer ecuatoriana.

En fin, gracias enorme para la familia entera (en ella entran todas las personas queridas y sus familias).

Y gracias infinito por la existencia, el amor, la espera, y la paciencia de mi amor-monstruo-filósofo-animal-amatorio-amanzado-mejor-amigo-persona-favorita, mi Amor Verdadero, que comparte mis días, que me enseña tanto, y que me da tanta vida.

Por todos ellos que me habitan, desde el lugar o desde el no-lugar y no-tiempo donde están, sigo viva, por todos ellos me quiero reconocer en el espejo con todo este peso y seguir de frente. Porque a veces se me olvida que frente a los rounds que perdemos, hay miles de rounds de vida, de salud, de felicidad, de amor, de bendiciones que ganamos. Gracias por todos los momentos que quedan atrás, por los que me pasan hoy, y por todos los futuros posibles que ya escucho y están tocando a mi puerta.

Bienvenido 2008, no te tengo miedo
.

19.11.07

plegaria


Quito. Sábado, 17 de noviembre. Dos pájaros de un tiro. Me encontré con mi fantasía inalcanzable: Joaquín Sabina. En un concierto de esos que sacan moco, baba y lágrima... hasta me puso enojada-triste porque quiero más Sabina, más Serrat, porque quisiera mirar a Sabinita bailando como en el video de "Paisanaje" por el resto de mi vida. Y quisiera darle un poema que se ha estado gestando desde hace algún tiempo, y aunque me hubiera gustado darle un libro de sonetos, aquí está algo que ustedes seguramente no juzgarán como poesía, pero aquí está y es para el mejor. Para tí, hasta siempre y nunca adiós.

cuerdas rotas

de guitarras roncas

ruedo por los

sonidos huecos de una voz en ruinas

caigo en el sombrero-noche-sin-fondo

de ceremoniales urbanos

y me arrimo al bastón verde que marca

el beat

del blues que se canta entre los senos de la ciudad

me cuelgo de esa boca

que cuenta

peces rojos sin mar

alborotados son

tacones ciegos que vienen y van

te tejo una plegaria de nombres de mujer y palabrotas

para ganar el último póker contra la enfermedad

la muerte es una niña vieja

aburrida

sola

y fea

que te quiere llevar

ahógala en un whisky color mediodía

en las cascadas que saben a limón y lluvia,

dale unos versos amargos al oído

que se duerma y que tú no te vayas,

que mil voces griten en todas tus calles

que tú no te has ido

y ella sí

…nunca te mueras, Joaquinito.

8.11.07

ELECCIONES VITALES

Una de las elecciones más importantes de mi vida ha sido la literatura. No sé exactamente cómo sucedió, ni cuándo fue, pero un día decidí ponerme esos enormes lentes que son la literatura y desde ellos miro, conozco, siento, amo, pienso, rabio, creo, hablo, vivo. Y dentro de esta elección, me enfrento continuamente a muchas otras, ahora por ejemplo: Opción A: no hacerme la estúpida y aceptar que el autor/lector tiene responsabilidad social y que todo acto de escritura-creación-lectura es un acto político. Opción B: seguir el juego a la peligrosa idea: “el principal compromiso del escritor es con su propia obra” o a la pose del arte por el arte o escribir/leer siguiendo las recetas del pluscuamperfecto idiota latinoamericano Mario Vargas Llosa.

Aunque la elección no requiere gran reflexión, es difícil hacer un camino en contra vía, en contra de la tendencia; porque indiscutiblemente los juegos del poder de la ideología dominante han calado profundamente en la producción literaria y el pensamiento actual. Así, mantener la idea de la responsabilidad social del escritor, la idea de una literatura subversiva, o al menos critica, que se reinvente en su concepción, forma, y contenido fuera de los márgenes de lo permitido e impuesto, significan una tarea quijotesca –imposible, anacrónica, absurda, no vigente. Sin embargo, así como uno acoge a la literatura como una forma de vida, el cómo concebimos a la literatura misma es también un acto vital.

En conclusión, después de esta incompleta, simple y primitiva reflexión existencial, manifiesto aquí mi credo: creo en la responsabilidad social del autor, en la importancia de tener una lectura crítica de todas las producciones intelectuales, en la necesidad de reinventar las formas literarias, no por un afán de trasgresión o ruptura de los paradigmas estéticos y del acuñamiento de un nombre en el salón de la fama de la literatura, sino por la necesidad ética, vital también, de buscar posiciones contrarias a la ideología dominante. Creo en la posibilidad de enriquecer la interpretación de la literatura desde otras disciplinas que nos permitan volver a entender a la literatura como parte y producto de una sociedad y época determinadas, comprender a la literatura como un gesto siempre político e ideológico. En conclusión, manifiesto aquí, después de esta breve-superficial-primitiva-chabacana reflexión, mi deseo de ser imposible, anacrónica, absurda y no vigente.


Generoso y comprensivo lector: para que no se le arruine el día con las líneas anteriores, lea el excelente artículo del escritor español Isaac Rosa: Reflexiones de un intelectual europeo. Si aún no puede superar el trauma, lea este texto de Belén Gopegui.